ALCANZANDO AL DESTINO - Anthony fic - Capítulo 12 - Parte 2

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ALCANZANDO AL DESTINO - Anthony fic - Capítulo 12 - Parte 2

Mensaje por Meichan el Lun Oct 15, 2012 1:00 pm


Chicago

- Ese lugar me parece perfecto, aquí nadie la encontrará jajaja, cómo descubriste este lugar?

- Verifiqué la lista de propiedades en la familia, éste lugar está prácticamente abandonado desde antes que tú y yo naciéramos.

- Muy bien, es una descarada, recibirá su merecido, y él también por haberme humillarme de esa manera, se verá hermoso cuando lo vea con su hermoso rostro triste llorando al perderla.

- Qué locura estás pensando?

- Bueno pero para eso cuento con lo que tú vas a hacer, organizaré una reunión muy peculiar cuando esa persona visite Chicago y por lo que he leído será muy pronto.

Ambos salen de esa mansión que más bien parecía un castillo en ruinas haciendo eco en la sus pasos al caminar hacia la puerta.

Apenas el rubio heredero puso un pie fuera del coche de regreso a la mansión de Chicago los pasos de alguien que corre bajando las escaleras a toda prisa se escuchan en el lugar.

- Candice White Andley! – Gritó una fuerte voz.

- Tía abuela!

- Qué comportamiento es ese? No es digno de una dama.

- Lo siento tía, es que….Anthony…

- Ya lo sé niña, he venido también a recibirlo, recuerda que siempre debes de comportarte a la altura de la situación, vayamos a recibirlo.

- Sí…. – Bajó despacio los últimos peldaños de la escalera que le faltaban ante el regaño recibido.

George había ido por él a la estación de tren y el guapo doctor se encontraba ya fuera del coche bajando su maleta.

- Anthony!

- Candy! – El muchacho soltó de inmediato el equipaje cayendo de golpe la maleta y corre a abrazarla y después tomarla por la cintura y elevarla en el aire – Cómo estás hermosa? Me extrañaste?

- Muchísimo Anthony, este lugar no es lo mismo sin ti! Además… prácticamente fui la dama de compañía de la tía abuela y…. – Esto último se lo dijo en voz baja y casi al oído provocando una sonrisa divertida en su novio.

- Qué estás diciendo Candice White Andley?

- Tía!

- Jajajajajaja, tía abuela me alegro de verla.

- Supe que el contrato ya fue firmado Anthony, bien hecho, bienvenido – Dijo con una semi sonrisa que quien la conociera sabría del orgullo con el que veía a su nieto - Ahora entremos porque en la noche asistiremos a una cena con los Keller…

- Tía abuela, lo siento pero Candy y yo tenemos que partir de inmediato.

- Qué? – Se sorprendieron las dos mujeres.

- Sí, viajaremos a Avon, necesito llegar a tiempo para la inauguración – Dijo con una gran sonrisa.

- Anthony! No lo sabía!

- Quería que fuera una sorpresa – Sonreía felizmente.

- Vayámonos de inmediato! – Dijo la joven sin pensar en nada más.

- Un momento ustedes dos!

- Lo siento tía pero no pienso posponer ni cancelar el viaje, tiene que ser hoy mismo o no llegaremos a tiempo.

- Pero no pueden viajar los dos solos! – Se espantó terriblemente la dama.

- Tía abuela, y si me acompaña Dorothy?

- Eso iba a ordenarle en este mismo instante – La orgullosa dama levantó su rostro con autosuficiencia y se alejó del lugar.

Adentro de la mansión el joven esperaba pacientemente a su novia pero al ver la hora en el reloj de pared comenzó a preocuparse pues perderían el tren.

Tocó la puerta del despacho de Albert, donde Candy le había dicho que tenía algo importante que platicar con su tío y no tardaría.

- Candy, perderemos el tren…

No hubo respuesta, tocó nuevamente.

- Lo siento mi amor! Listo, ya terminé.

- Qué necesitabas?

- Le pedí a Albert que me hiciera un favor… para dar aviso al hospital! Sí, un aviso para el hospital, vamos mi amor! O no llegaremos! – Prácticamente empujó a su novio por la espalda y el otro comenzó a caminar no muy convencido de lo que había dicho la joven de ojos verdes.

Y así, los tres pasajeros se dirigen al pintoresco pueblo de Avon escondido entre las montañas, no cabían de gozo, irían al lugar que los había reunido hace un año atrás y el rubio pensó en hacer una visita a aquel que había cuidado tanto de él.

Chicago

- Buenas tardes señora Elroy, cómo se encuentra? – Dijo muy entusiasmada la hermosa joven.

- Querida Isabella, por favor siéntate. Me alegra que nos visites.

- Me encanta venir aquí…quiero decir, señora Elroy…se encontrará Anthony? quería verlo…

- Anthony? – Para la anciana le quedó más que claro lo que sentía esa chica, aunque sentía extraño que ella tuviera esa iniciativa, viejas costumbres al fin y al cabo, pensaba que una mujer no debería mostrar ese interés tan abiertamente.

- Sí, necesito hablar con él de algo muy importante. En dónde está?

- Lo siento Isabella, Anthony no está, salió de viaje.

- A dónde fue?

La elegante dama se molestó un poco, era muy inquisitiva, apenas la había dejado de terminar de hablar.

- Esta mañana llegó de Nueva York pero de inmediato tuvo que partir a un lugar para la inauguración de una obra muy importante para él.

- La clínica! – Abrió enormemente sus ojos - Señora Elroy, por favor dígame a dónde fue?

- Cómo sabes eso? Isabella entenderás que esto es un asunto muy personal para él, no creo que tú debas…

- Soy su amiga señora Elroy, por favor dígame a dónde fue? – La vio directamente a los ojos, esa joven tenía una llama interna muy fuerte, como Candy pero era distinta a la vez, tenía una fuerza pero no la dulzura con que Candy torpemente a veces decía las cosas sin pensar.

- Buenas tardes – Entró un muy sonriente Albert.

- William…

- Buenas tardes joven William – Se levantó para estrechar su mano.

- Hola Isabella, hay algo en lo que podamos ayudarte?

- William, Isabella quiere saber…

- Supe por la señora Elroy que Anthony está en…

- Ah, mi sobrino jaja sí, se encontrará muy feliz en Avon en estos momentos – Sonrió Albert.

- En Avon? – Le brillaron sus ojos verde oscuro como el bosque – Muchas gracias! Discúlpenme pero tengo que retirarme.

- Qué sucede? – Albert no entendía nada.

Una vez que la bella chica se retiró la abuela suspiró.

- William…

- Sí tía?

- No debiste decir en dónde estaba Anthony.

- Qué? Por qué? Pero si ella dijo que tú le dijiste que estaba en Avon.

- No, no se lo había dicho, creo que fue muy astuta.

- No me digas que…..

- Sí, solo espero que no tengan problemas.

- Tía, no me diga que Isabella no le gusta para Anthony – Dijo con tono de burla Albert.

- Hhmm! Esa chica es muy directa y libertina, aunque sé que viene de una buena familia.

Albert sonrió divertido, así que la tía abuela estaba de lado de Candy, quién lo diría? Pero no le sorprendía si todos se llevaban como familia, con sus rígidas costumbres aún pero sabía que la quería mucho, después su rostro se puso serio y dirigió su rostro a la puerta por donde había salido la joven, ya para entonces era demasiado tarde, bien, quizás con eso la joven por fin entendiera ciertas cosas y se pusiera en paz.

Al día siguiente en Avon la hermosa rubia sale al jardín de la casa de los Stephens, ese jardín se le hacía muy bonito, Anthony lo había construido durante sus años de amnesia y lo imaginaba trabajando arduamente bajo el sol, se sonrojó un poco al imaginarlo tan fuerte dando forma a la madera, cargando esos pesados costales pero siempre con una mirada resplandeciente de satisfacción.

Por su parte al joven en cuanto pisó la que había sido su casa durante muchos años le invadió una sensación de nostalgia, clavó su mirada durante un buen rato en la pequeña y acogedora sala en donde se quedaba platicando con el doctor Charles Stephens hasta altas horas de la noche, casi podía verlo como si aún estuviera vivo ahí sentado ensimismado en su lectura, gracias a él, el joven había leído mucho en esos años pues el doctor era un hombre ilustrado y muy versado, recordaba con cuánto cariño su padre le explicaba sobre los libros de medicina, sonrió cuando recordó cuando amorosamente le había explicado sobre el acto de amar entre un hombre y una mujer y lo mucho que se había sonrojado mientras el buen hombre soltaba sonora carcajada, aunque ya sabía algo de eso pero le hizo gracia ver cómo el doctor se sentía en la obligación de explicarle.

Tenía sus ojos cerrados recordando todo cuando un dulce beso en su mejilla lo hizo reaccionar.

- Candy…

- Mi amor, estamos en la casa de tu padre – Le sonrió tiernamente, sabía que ir allí le haría recordar muchas cosas a su amado príncipe.

- Sí – Recorrió con su mirada el lugar – Pareciera que fueran años desde que estuve aquí, la última vez fue cuando….

- Lo sé amor – Lo abrazó fuertemente – Él estará muy orgulloso y feliz por lo que has logrado.

- Lo extraño – Dijo abiertamente – Y esta es mi manera de honrar a su memoria.

La pareja se prepara y en su camino al lugar donde se abriría la clínica Candy nota con cuánto cariño saludaban los trabajadores a Anthony, sin duda la gente del pueblo lo amaba.

- Ves ese camino que está allá?

- Sí…

- Bien, se construirán carreteras para que los pueblos que estén cerca de aquí tengan acceso a la clínica sin necesidad de que tengan que viajar tanto.

- Has pensado en todo verdad? – Decía con admiración.

La gente comenzó a reunirse en torno al lugar designado para la clínica, estaban admirados al saber que el joven William Stephens en realidad se llamaba Anthony Brown Andley, conocían ese apellido, quién lo hubiera creído.

- Quiero agradecer a todos ustedes por el apoyo que me brindaron durante el tiempo que viví en Avon, sin preguntarme más sobre mi origen me aceptaron como uno de los suyos y me brindaron su amistad y apoyo, esta clínica…significa mucho para mí pues es una manera de retribuir un poco lo que este pueblo hizo por mí, y el día de hoy quisiera agradecer en especial a dos personas que me impulsaron para hacer esto, a mi buen amigo Matthew, a quien le prometí…- Su voz se quebró un poco y continuó – Le prometí que haría todo lo que estuviera a mi alcance para que nadie tuviera que sufrir una muerte como la suya, una muerte que pudo haber sido evitada, y sobre todo a mi padre, el doctor Charles Stephens – Sus ojos se pusieron acuosos – Gracias a él aprendí lo valiosa que es la vida y lo que es la verdadera generosidad y amor al prójimo, por ti papá…. – Y diciendo esto queda a la vista de todos el nombre de la clínica: "Clínica Stephens".

Los lugareños aplauden efusivamente a Anthony y uno de sus representantes se acerca para darle las gracias y estrechar la mano del joven con ojos llorosos, el discurso de Anthony había sido conmovedor y los lugareños que eran gente sencilla y de buen corazón, jamás esperaron que la hospitalidad que le habían brindado a ese joven desconocido brindaría un fruto tan hermoso.

Anthony se queda a hablar con el jefe de la obra para darle instrucciones de los últimos detalles que había observado estaban pendientes aún, también se encontraba el personal que iba a trabajar en ella y estrechan la mano con el heredero. Candy sonreía feliz de ver a Anthony con esa mirada y expresión tan llenas de satisfacción, si bien ella entendía poco de finanzas, Anthony le había explicado cómo planeaba construir un par de clínicas con su herencia siempre cuidando de que todo siguiera en manos de Candy por si algo llegara a sucederle, a ella no le agradaba pensar en eso, era como si quisiera protegerla en caso de que muriera y la sola idea le daba escalofrío. Faltaba conseguir el apoyo de los dueños de las industrias y de los campos dedicados a la agricultura pues de ellos dependía se fueran financiando dichas clínicas para beneficio de sus trabajadores, pero ya había avanzado en eso también dando con el origen del por qué se habían negado de último momento.

Dorothy se encontraba preparando la cena esa noche, mientras tanto el joven sintió un enorme deseo por hacer aquello que tanto añoraba, la noche era perfecta y el viento soplaba delicioso, su espíritu libre hizo eco en su mente.

- Candy, vamos…? - Le dijo con una sonrisa.

- A dónde? – Se dejó guiar por él quien la había tomado de la mano confiando plenamente.

- No te parece una noche perfecta para cabalgar? – Su mirada se iluminaba como la de un niño emocionado y se acercaron a su antiguo compañero, un bello caballo gris claro que le pertenecía al doctor – Tenía mucho tiempo sin verte amigo, me alegra ver que estás bien, qué te parece si damos un paseo juntos?

Candy sonrió tiernamente al ver el cariño con que le hablaba a su caballo y así, el joven ayuda a subir a la rubia y después él detrás de ella, en cuanto tomó las riendas del caballo se sintió más libre que nunca y comenzó a correr por el camino de manera que el viento les pegaba fuertemente en el rostro y sus cabellos revoloteaban desordenados. Bajo la luz de la luna la cabalgata resultó encantadora, pronto llegaron a un claro, las montañas se erigían en el horizonte y la luna llena iluminaba todo el lugar, sus corazones se sintieron completos y felices, casi podía decirse que sus corazones resonaban con el lugar y se fundían con la armonía de ahí.

- Es…hermoso – Tomó la mano de su novio.

- Este era mi lugar favorito cuando vivía aquí, contemplar la grandeza que me rodeaba me ayudaba a pensar que mis problemas no podían ser tan terribles, jaaa! – Nuevamente al caballo comenzó a caminar y se enfrascaron en una carrera sin fin por el verde valle dejando a una Dorothy algo preocupada por no regresar a la hora que le habían prometido pero no lo pudieron evitar, el cielo definitivamente que se observaba en Avon era muy distinto al de Chicago, tan brillante y claro, lleno de estrellas, ambos jóvenes estaban maravillados.

Anthony posó su mano sobre el hombro de ella y la joven volteó su rostro para observarlo, la cercanía de sus cuerpos era como un imán cuya fuerza resultaba cada vez más poderosa, Candy sintió que el joven la besaba con la mirada, como siempre había sido el efecto que provocaba en ella y siguieron sin decir más palabras.

La muchacha se encuentra en el pequeño portal de rosas volteando hacia todas partes en busca de ellos.

- Candy! Joven Anthony! Me tenían preocupada! – Les dijo con un tono de reproche.

- Dorothy lo sentimos mucho! – Respondieron al unísono.

- Chicos, recuerden que la señora Elroy me envió aquí para cuidar de Candy, joven Anthony por favor no lo vuelva a hacer.

- Te lo prometo Dorothy y para compensar tu preocupación por el día de hoy qué te parece que mañana vayamos los tres de día de campo?

- Ir yo con ustedes? Pero…

- Anda Dorothy, el lugar es precioso te encantará… - Le suplicó Candy.

- Veremos mañana por ahora pasen que la cena está servida.

Los tres cenaron esa noche en la misma mesa, habían invitado a Dorothy a que los acompañara pues ella estaba sola en ese lugar y la consideraban una amiga, lejos de las costumbres en la mansión Andley y pese a convivir con sus seres queridos, los rubios sintieron que no habían tenido una cena tan cálida y llena de paz como esa noche.

A la mañana siguiente Dorothy y Candy salen temprano a comprar algunas cosas para el picnic que habían pensado hacer, mientras que Anthony se había levantado mucho antes que ellas para trabajar en el jardín, se encontraba muy concentrado en las rosas, volteó hacia arriba a su habitación recordando que ahí guardaba celosamente el anillo que había comprado, había decidido dárselo en ese día de campo, la emoción latente iluminaba su apuesto rostro pero también su nerviosismo ante la propuesta tenía que hacer cuando de pronto escuchó que un carruaje se detuvo en la entrada de la casa y caminó hacia allí, se le hacía extraño pues no esperaba a nadie más cuando ve que al abrirse la puerta baja una elegante dama que llevaba puesto un vestido azul oscuro.

- Anthony! – Lo saludó alegremente – Anthony por fin te encontré!

- I…Isabella!, Qué haces en este lugar? – Estaba sumamente sorprendido el joven.

- Malvado, por qué no me dijiste que ya inaugurarías la clínica? He venido a conocerla y además tengo que confesarte algo…mi padre aún no lo sabe pero… Quiero ingresar a la universidad a estudiar medicina! Sería lindo atender la clínica entre los dos no crees? – Le dijo con una gran sonrisa – Cómo estás?

- Bien Isabella muchas gracias – Seguía aún desconcertado – Pasa por favor.

- Qué hermoso es todo esto, me gusta mucho más que mi casa en Inglaterra, me gusta – Dijo mientras dirigía una mirada por todo el lugar - Sería muy feliz viviendo aquí sabes?

- Isabella, agradezco tu gesto por venir a verme pero…

Lo interrumpió – Lamento haber venido sin previo aviso Anthony pero es que moría por estar contigo en un día tan importante, estás solo?

- No, Candy vino conmigo.

Su mirada se apagó un poco, bien, al menos debía intentarlo.

- Ya veo, espero que no se moleste porque haya venido a verte, y bien, me mostrarás la clínica? No puedo esperar a verla! Vamos?

- Lo siento Isabella, estoy esperando a Candy y Dorothy, tendrás que esperar e iremos todos juntos, por cierto, cómo supiste que estaba aquí?

- William me lo dijo – Sonrió traviesa.

- Mi tío? Isabella…

- Jajaja tengo mis métodos para investigar las cosas – Guiñó el ojo – Estoy muy aburrida últimamente y necesito empezar alguna nueva aventura, había pensado en viajar y creo que este sería un buen lugar.

- Isabella, eres una buena amiga pero siento que hay algo más no es así? – Lo lamentaba por ella pero tenía que dejarle en claro que no podía seguir haciendo esas visitas sorpresa.

- A qué te refieres?

El joven la observó en silencio para darle la respuesta a lo que se refería, no era propio de un caballero preguntar tan directamente por los sentimientos de una dama pero…

- Viniste porque somos amigos?

La muchacha desvió su rostro y se sonrojó un poco, para qué seguir escondiéndolo más? Ella no se andaba por las ramas así que suspiró para tomar valor y posó sus ojos tan verdes como los bosques de Avon en él.

- Anthony…Me gustas mucho, me gustas demasiado, no soy una persona que se calle lo que siente así que te lo diré, desde que te conocí a los 10 años y me fui a Inglaterra jamás olvidé tu hermosa mirada – Caminó hacia la ventana observando el jardín – Eres como el príncipe que toda dama espera encontrar y cuando te volví a encontrar en la clínica y supe todo lo que habías hecho no pude evitar enamorarme…

- Isabella – Dulcificó su voz - Lo siento pero, acaso me conoces lo suficiente como para haberte enamorado de la forma en que lo dices de mí?

- Solo sé que eres la persona ideal que siempre busqué, nunca me había pasado antes, pude ver que compartíamos los mismos ideales y sobre todo lo supe porque soy una persona exigente cuando de amor se trata, Anthony… - Se acercó más a él – Anthony…qué sientes por mí?

- Isabella, no soy la persona ideal con la que sueñas, no conoces mis defectos ni mi manera de ser plenamente, tampoco soy un príncipe perfecto pues soy todo menos eso, estás segura de que es amor lo que sientes por mí?

La joven abrió sus ojos verde oscuro de par en par.

El rubio caminó unos cuantos pasos para darle espacio y tiempo a la joven de analizar lo que le había preguntado, estaba seguro que no era amor lo que ella sentía por él, pero sin que se diera cuenta la chica de cabellos de ébano se deslizó silenciosamente hasta estar detrás del joven médico.

- Anthony… - Dijo en un susurro.

- Sí? – Él volteó al lugar donde había visto a Isabella por última vez antes de que ella se moviera sin que se diera cuenta pero se topó con su rostro y sus oscuras esmeraldas verdes a milímetros de él – Isabella.

Ella entrecerró sus ojos y suavemente se acercó un poco más a él…el contacto de labios era casi inminente.

- Candy! Espera Candy a dónde vas?! Por qué corres? – Se asustó Dorothy.

- Lo siento Dorothy! – Ella se alejó corriendo de la casa de los Stephens a toda velocidad con sus ojos llenos de lágrimas, había visto la escena.

El joven giró su rostro a un lado y ella bajó su rostro tristemente.

- Isabella, lo siento pero no te puedo corresponder, no te amo, lo siento.

- Me habías preguntado algo cierto? Sé que es amor y no un espejismo, quería sentirte para aclarar mis dudas.

- Lamento no poder ayudarte con eso – Volvió a darle espacio para que se tranquilizara – Pero, mi corazón solo le pertenece a Candy.

- Anthony, por favor no malinterpretes lo que voy a decirte pero eso no es ningún impedimento para mí para amarte, siempre he tenido un carácter fuerte e independiente y si creo que encontré a la persona de mi vida no voy a dejarla ir tan fácilmente, me precipité en venir a verte, no era el momento adecuado para decírtelo y menos estando tu novia aquí, creo que me iré de viaje unas semanas para aclarar esto que siento por ti pero… - Se paró frente a él y con la decisión reflejada en su rostro y sus bonitos ojos rasgados – Si finalmente comprendo que lo que siento por ti es verdadero amor, vendré y te lo diré de frente, no creas que he terminado Anthony Brown – Colocó su mano en la mejilla del joven médico y su melodiosa y fina voz resonó en el lugar – Sabes, mi padre siempre me dijo que tenía que casarme con alguien de buena familia, la sola imposición de esa regla para enamorarme había hecho que yo evitara abrir mi corazón pues si algo detesto es que se me prohíba hacer algo pero cuando te conocí y supe quién eras pensé que podría lograr tanto mi sueño de ser amada por alguien tan magnífico como tú y a la vez podría hacer feliz a dos familias con dicha unión, eres rebelde como yo, puedo notarlo, si eso no es encontrar a la persona adecuada Anthony entonces no sé lo que es….Adiós querido Anthony.

- Isabella…

- No digas más por favor, no quiero que te sientas incómodo por mí, no creas que mi interés era venir a verte para decirte esto, realmente quiero apoyar un sueño como el que tú tienes – Sonrió un poco más – Quizás cuando vuelvas a verme ya me encuentre estudiando en la universidad, seremos colegas!

El joven sonrió ante la ocurrencia de la chica. – Será un honor Isabella.

- Creo que será mejor que me vaya, y recuérdalo, no he terminado aún – Se acercó para estrechar su mano, cuando el rubio correspondió al saludo ella se acercó rápidamente y besó su mejilla – Volveré.

Al salir por el jardín ve que una joven de grandes trenzas la observaba detenidamente, se mordió el labio inferior, por qué se lo había confesado? Se arrepentía, no era el momento y se sintió mal por la novia de su amigo.

Dorothy la observa mientras se despide con una leve inclinación pregúntandose a qué había venido esa chica y finalmente entra en la casa.

- Dorothy…

- Joven Anthony – Lo miró con cierta duda.

- Qué sucede Dorothy?

- Lamento no haber llegado antes, veo que tuvo visitas.

- Tampoco sabía que vendría Dorothy, no te preocupes, en dónde está Candy? Necesito hablar con ella.

- Joven…. Acaso sucedió algo? Se lo pregunto porque Candy llegó antes que yo y cuando finalmente la alcancé solo pude ver que salió corriendo de aquí.

- Cómo?

- Sí…ignoro si tuvo algo que ver con la joven que vino… - A Dorothy le parecía algo imposible pero las circunstancias eran acusatorias.

- Viste hacia dónde se fue? – Le preguntó apresurado mientras se disponía a subirse a su caballo.

- Hacia allá… - Señaló el pequeño sendero que daba hacia el bosque.

- Candy… - Se preocupó, por qué no se fue al pueblo o a los campos? Precisamente al bosque, debía encontrarla y pronto, salió del lugar a toda prisa.

La espesa vegetación hizo que aminorara su paso, pensó que nada le había dolido tanto antes como lo que había visto, se dio cuenta de que evidentemente no sabía de lo que hablaba cuando prácticamente le dijo que esa hermosa joven Foster era mejor que ella y la adecuada para él, ahora que la había visto al borde del beso con Anthony supo que el dolor que eso le había provocado era tan desgarrador casi como cuando le dieron la noticia de que Anthony había muerto y tuvo miedo, tuvo miedo del poderoso sentimiento que la invadió ante la posibilidad de perderlo, por qué le había dicho eso en aquella ocasión? No! No quería perderlo! Pero, esa chica ya se había adelantado entonces? Habría sucumbido Anthony? Ni siquiera pudo esperar a observar el desenlace, no tuvo el valor de ver que quizás lo perdería para siempre.

Estos y otros pensamientos rondaban la cabeza de la muchacha quien finalmente había optado hacer por lo que siempre hacía, emprender la huída, volteó hacia atrás y vio que ya no había sendero y las copas de los enormes árboles eran más abundantes por lo que la luz del sol no iluminaba tanto, ni siquiera tenía idea de cuánto había corrido – Debo regresar, confío en él, yo…no debí irme así.

- Candy! Candy! – El joven gritaba a todo pulmón, lamentablemente había caminado en dirección contraria a la de la pecosa.

Eran cerca de las 2 de la tarde y el rubio regresó a su casa para ver si ella ya hubiera regresado.

- Dorothy! Ha regresado Candy?

- No joven, aún no regresa - Respondió preocupada.

El joven frunció su ceño y volteó hacia el bosque que comenzaba detrás de la casa, los Stephens vivían en las afueras del pueblo.

- Intentaré una vez más, por favor si regresa que no salga de la casa hasta que yo vuelva.

- Sí…

El rubio mandó de regreso a su caballo pues no tenía sentido llevarlo en esa parte tan espesa del bosque y siguió a pie. Para la tarde sólo el sonido de alguna ave se escuchaba entre los árboles y la luz ya era muy poca. – Candy en dónde estás? Candy!, esto no me está gustando nada, mucha gente se ha perdido en este lugar.

El pobre rubio trataba de serenarse pero la angustia iba en incremento, corría gritando su nombre y en alguna que otra ocasión tropezaba con la raíz de un árbol que salía de la tierra.

- Qué lindo vestido trae señorita, se ve que es de buena familia no? Jajaja – Musitaba un joven de unos treinta años a lo mucho.

- Se venderá bien, y esos aretes que trae también - Levantó su mano para observarlos mejor.

- No me toque! – Con su mano golpeó el brazo del hombre y se alejó un poco.

El bandido la aventó enojado al piso. – Quién te crees que eres? Sólo porque eres una niña rica piensas que todos van a hacerte caso? Pues te has equivocado!

- Venías con ese chiquillo rico verdad? Dime tú también perteneces a esa familia?

- No… - Respondió de inmediato.

- Venías con él, te vimos, no mientas!

- Ya le dije que no!

- Oye Watson, no crees que lograríamos más dinero si la secuestramos? Ese muchacho la debe estar buscando, obtendríamos una buena suma de dinero si le pedimos rescate.

- Y además es muy bonita – Se acercó con sonrisa maliciosa el otro hombre – Seguro que sí, aquí nadie podrá encontrarla y quizás nos sirva de diversión más tarde.

La joven de ojos esmeralda se puso pálida al escuchar lo último, se arrepintió de haber escapado así, esto no era Lakewood, no conocía el lugar! Anthony….

- Y qué hacemos con el muchacho?

- Veamos cómo reacciona cuando sepa que la tenemos secuestrada, en el peor de los casos podemos secuestrarlo también y pedir el rescate a la familia.

- Bien – Se levantó pesadamente el hombre – Escribiré la nota y en la madrugada la pondré en la puerta, y tu lindura danos ese vestido que iré a venderlo para comprar comida.

- Qué dice?! De ninguna manera!

- Vamos, toma, ponte esta manta encima – Le arrojó una sucia y rota capa.

La muchacha sin mostrar su miedo tomó la capa y detrás de un árbol se quitó el vestido y se colocó la manta encima.

- Así me gusta, anda, vete a esa orilla y no hagas nada – Le dijo mientras la ataba de las manos.

El ojiazul caminaba en la oscuridad del bosque prácticamente a tientas, lo que había augurado como un hermoso y perfecto día para pedirle matrimonio ahora se estaba convirtiendo en una pesadilla, esta vez se encontraba explorando el otro lado del bosque que en la mañana no lo había hecho, se había mantenido en silencio desde hace un buen rato cuando había escuchado lo que le parecía que eran voces pero no estaba seguro de nada. Cerró sus ojos para concentrarse, su instinto le dijo no hacer evidente su presencia pues no sabía con qué clase de personas se encontraría en ese lugar y a esas horas. Escucha el crujir de una fogata y al palpar con sus manos extendidas lo que había frente a él se encuentra con una gran roca, comienza a rodearla y una tenue luz comienza a aparecer, se agacha y se desliza hasta ver la fogata pero en ese instante su corazón le dio un vuelco cuando vio a Candy sentada en la base de un árbol, la veía asustada y preocupada, rápidamente buscó quién más estaba ahí y observó a dos hombres acostados en el piso que dormían.

Trató de llamar la atención de ella encendiendo su lámpara y dirigiéndola hacia donde estaba su novia quien de inmediato se percata de la luz que brillaba desde la penumbra del bosque, finalmente lo ve y sus ojos se llenan de lágrimas. – Anthony…. – Dijo en voz casi imperceptible.

El muchacho le hace la seña de que no haga ningún ruido, comenzó a rodear el lugar despacio y en silencio sin despegar su vista de los dos hombres, había logrado ver el vestido que Candy traía y casi se paraliza de ira pensando lo peor, pero no era momento para eso, tenía que mantener la mente fría sobre todo al notar las armas que descansaban a un lado de cada hombre, tenía que actuar rápido antes de que se dieran cuenta o despertaran cuando un ruido lo hizo voltear.

Era uno de los hombres que se estaba levantando después de haber bebido un poco, tomando su pistola y con los ojos aún algo cerrados por el sueño revisa a su alrededor y se asegura de que ella siguiera ahí.

- Jovencita…. Ven aquí, vamos a charlar un rato – Dijo arrastrando la lengua y comenzó a caminar hacia ella, haciendo que por acto reflejo se alejara lo más que pudiera de esa persona.

En ese mismo instante el apacible cielo de sus ojos amenazó con tormenta y un instinto casi asesino que jamás había sentido por la ira de lo que ese hombre pretendía hacer se apoderó de él.

- No!

- Te dije que nos harías compañía más tarde, ahora lo cumplo! – La tomó del brazo obligándola a levantarse.

- Le dije que no lo haré! – Candy vio cómo Anthony se aproximaba a ellos así que golpeó la entrepierna del hombre y al doblarse del dolor el rubio aprovechó para golpearlo con un gran trozo de madera en la cabeza haciendo que cayera inconsciente al piso.

- Anthony!

- Candy! Estás bien? Dímelo por favor, estás bien? – Sus manos temblaban al abrazarla, temió lo peor cuando había visto su vestido en el suelo.

- Sí, mi amor estoy bien – Ella pudo percibir su temblor pero no supo por qué, debió preocuparlo mucho y se sintió mal, sin embargo jamás sintió un pecho y brazos tan protectores como los de él – Anthony!

- No te han hecho daño verdad?

La joven observó la mirada del apuesto joven, era como si lo que le fuera a responder tuviera el poder de apaciguar el bravo mar de sus ojos o finalmente convertirlos en tormenta, abrió los ojos cuando supo a qué se refería.

- Anthony no, ellos...

- Candy, escúchame bien, toma esta lámpara y dirígete hacia allá – Le señaló el lugar – Puse marcas en los árboles para que pudiéramos regresar, corre rápido pero no te desvíes, estamos cuesta arriba y hay muchos riscos en el lugar.

- Pero y tú Anthony? no me iré sin ti!

- Amor, he dicho que te vayas, por favor – Le rogó.

- No!

- Hazlo ya! – Le exigió cuando vio que el hombre comenzaba a moverse.

Candy sólo atinó a asentir con la cabeza totalmente pálida, él la iba a seguir de inmediato pero tenía que vigilar que no los vieran, cuando dejó de ver la luz de la lámpara que traía Candy en sus manos comenzó a correr hacia ese lugar pero el disparo de un arma perturbó el silencio del bosque.

- Anthony! – Candy giró en seco, lo habrán herido?, corrió lo más rápido que pudo pero pronto su cuerpo se perdió en las penumbras.

El joven cayó al piso tomándose la pierna, la bala había rozado su pierna y sangraba, pese al dolor palpó la herida y vio que no era profunda cuando de pronto escuchó unos pasos muy cerca de él.

- Jajaja con que haciéndola de héroe no? Eres sólo un malcriado niño rico, dinos en dónde está la muchacha! –

- Y usted es un desgraciado que ni siquiera a una dama sabe respetar!

- Cierra la boca de una buena vez – Le dijo en tono amenazante – Vamos a encontrarla y verás en primera fila lo mucho que respetamos a las damas elegantes como esa!

- Eso si lo permito infeliz!

– Te aseguro que ninguno de los dos saldrán vivos de este lugar! Maldito!

Cuando se avalanzó sobre el rubio, éste se dio cuenta de que el hombre seguía ebrio así que sus reacciones eran algo lentas y torpes y tomando ventaja de esa situación con su pierna sana empujó golpeando fuertemente las piernas del otro logrando que cayera de espaldas, de inmediato se abalanzó sobre él golpeándolo furiosamente en el rostro – Cobarde! Imbécil! El solo hecho de haberte atrevido a pensar así de ella es imperdonable! – Y pese a que el hombre había tomado los brazos de Anthony para evitar que le siguiera propinando golpes ni siquiera esa fuerza bruta le impidió al muchacho seguir golpeándolo hasta el cansancio, lo llenaba de furia el solo hecho de pensar que no hubiera llegado a tiempo y hubieran cumplido con su palabra.

Cuando comenzó a respirar agitadamente se dio cuenta de cuánto había golpeado su rostro y abrió los ojos enormemente deteniéndose, aún temblaba de ira y sus puños estaban cerrados, inspeccionó de inmediato el pulso del hombre y se aseguró que respirara, al ver que sólo estaba inconsciente, lo llevó a cuestas junto al otro y los sujetó fuertemente con el lazo en un árbol para que no escaparan hasta que fueran por ellos.

Corrió hacia donde le había dicho a Candy que huyera para irse juntos pero pese a llamarla no la escuchaba.

- Candy!

- Anthony!

El muchacho corrió hacia donde escuchó la voz y debido a la oscuridad estuvo a punto de caer por el risco, cuando recuperó el equilibrio pudo ver a Candy que se sujetaba de unas raíces que colgaban en ese extremo.

- Candy! Sujétate bien! Voy por ti! – Sin perder más tiempo se dispuso a bajar por la escarpada superficie, en dos ocasiones la piedra que parecía estar firmemente sujeta a la montaña cayó al abismo dejando al joven sujetándose con una sola mano en el aire.

- Anthony cuidado! – Lo peor es que había perdido la lámpara, eso los habría ayudado mucho en ese momento.

- No temas Candy, ya estoy aquí – Bajó unos centímetros más hasta que llegó a ella y la sujetó fuertemente por la cintura – Te encuentras bien? No estás herida?

- No, lo siento mucho Anthony – Comenzó a sollozar.

- Tranquila amor, anda, te ayudaré a subir – Colocó una de sus manos en el pie de Candy y la empujó hacia arriba para ayudarla a impulsarse.

Cuando llegaron casi a la cima el rubio la impulsó aún con más fuerza para asegurarse de que alcanzara a subir su cuerpo por completo pero al hacer más fuerza la piedra sobre la que afianzaba sus pies se quebró dejándolo en el aire.

- Anthony! – Se asustó la rubia.

- Estoy bien – Respondió mientras bajaba su vista para tratar de ver un poco mejor y buscar en dónde podría apoyarse pero la raíz de la que se sujetaba en ese momento comenzó a romperse lentamente.

- Anthony! Dame tu mano!

El joven estiró su mano todo lo que pudo pero por escasos centímetros no lograban agarrarse, después, todo sucedió en cámara lenta… comenzó a crujir la raíz del árbol alejando cada vez más a Anthony de la mano de Candy, el eco de las piedras que caían y golpeaban cuando tocaban el fondo resonó en sus oídos haciendo que Candy abriera inmensamente los ojos y le gritara a Anthony que se sujetara, no dejaba de hablarle.

La mirada serena de él ante lo inminente la dejó sin habla y su pequeña y delicada mano comenzó a retroceder ante lo inevitable sin saber qué hacer.

Cuando vio finalmente que en un último y gran esfuerzo el joven se empujó de la superficie lisa y se afianzó del resto de la raíz que seguía adherida a la montaña, se impulsó de ella y quedó con medio cuerpo en piso firme mientras respiraba agitadamente y terminaba por subir, en ese instante el pedazo de tierra donde se encontraba ese viejo tronco también cayó.

- Candy…estás bien? – Le dijo entrecortadamente mientras recuperaba su respiración.

- Anthony! perdóname! – Como una niña se abalanzó sobre él cayendo ambos en el piso quedando ella arriba del galeno – Perdóname! No debí escapar de esta manera!

El rubio comenzó a acariciar su rizado cabello dejando que se desahogara. – No tengo nada que perdonarte mi niña, ahora todo lo que importa es que estás a salvo – Le dijo mientras la abrazaba amorosamente – Temí tanto por ti…

- Lo siento mucho mi amor, no debí, no debí!

El joven comenzó a sentarse quedando ella entre sus piernas mientras recargaba su rostro en su pecho – Ssshh, no importa mi amor, pero dime algo….. – Su mirada se endureció un poco – Esos hombres…esos hombres te hicieron algún daño?

Candy pudo observar el miedo con el que se lo decía y se le partió el corazón, qué tonta había sido, por su acto tan inconsciente ella pudo haber resultado severamente lastimada por ellos y también su príncipe pudo haber caído por ese terrible precipicio y haberse herido de gravedad. Comprendió lo que su mirada y sus palabras querían decir.

- No!...no mi Anthony, no me hicieron ningún daño, querían ese vestido para venderlo y también los aretes y la pulsera que llevaba puesta… - En ese instante se dio cuenta de que lo único que llevaba puesto era su blanco corset y su falda blanca como fondo, se ruborizó furiosamente pero antes de que dijera algo el rubio ya estaba colocando gentilmente su camisa sobre sus hombros con una mirada difícil de definir…tristeza? Por lo que había tenido que pasar su gran amor, dolor? Por verla en ese estado, y quizás impotencia por no haber podido evitarlo.

- Anthony no! Está haciendo mucho frío mi amor.

- Descuida amor – Le decía mientras abrochaba los primeros botones de su camisa puesta sobre los hombros de Candy – Listo, vayamos a casa…Candy, por favor…no vuelvas a hacer algo así…

La chica de mirada verde lo vio directo a los ojos los cuales parecían contener un mar de emociones en ese momento y se sintió mal, muy mal por haberlo asustado, por haberlo preocupado por algo como eso.

- Anthony…

Puso sus manos sobre sus hombros y acercó su rostro al de ella – Nunca más lo vuelvas a hacer, Candy, te das cuenta de lo que pudo pasarte? Habría sido capaz de matarlos si te hubieran llegado a hacer algún daño! – Ahora era su turno de desahogar tremendo susto.

- Fui una tonta Anthony…lo siento mucho – Repitió.

- Hubiera sido capaz de matarlos Candy! No te alejes más de esa manera! – Parecía que de todo lo vivido lo único que pasaba por su mente era la posibilidad del daño a Candy y no volver a verla si ellos decidían borrar cualquier evidencia.

- Lo siento mi amor – Agachó su rostro – Nunca pensé cuánto podía llegar a doler el ver lo que vi…..

- Viste a Isabella en la casa no es así?

Ella solo asintió.

- Nos escuchaste?

- Vi…..yo vi que…

El muchacho recordó la escena donde ella en un movimiento tan grácil y delicado había llegado a donde él estaba dispuesta a besarlo, dedujo que escuchó poco de lo que él le había respondido.

- Sé lo que viste, y sé que no viste todo lo que sucedió en realidad, porque si he de aclararte algo es esto: en ningún momento la besé, en ningún momento acepté sus sentimientos – Tomó su rostro con su mano y la obligó a verlo, se lo dijo con tanta vehemencia que ella abrió aún más sus ojos sorprendida por la mirada de determinación y verdad con que le hablaba – Pues mi corazón, mis labios, mis manos y mis ojos sólo desean perderse en ti.

La rubia se quedó sin habla ante sus palabras y sólo atinó a perderse en su mirada azul.

- Si algo lamento es no haberme dado cuenta antes de esto pero nunca, escúchame bien Candy, nunca y en ningún momento la fuerza de mi amor por ti ha sucumbido ni ante el tiempo ni al olvido y no lo hará ante alguien más – Después desvió su rostro un poco dolido – Acaso no confías en mí?

- Y mi amor por ti continuó impertérrito a pesar de que sabía que nunca más te volvería a ver en este mundo – Dijo con dulzura – Ni siquiera la muerte pudo vencer en mi corazón sobre ti….Anthony – Ahora fue ella quien giró el rostro de él para que la viera – No escapé por haber desconfiado de ti, sino porque no supe qué hacer ante la sola idea de haberte dicho el otro día de que ella era más adecuada para ti que yo, fue cuando me di cuenta de que jamás podría tolerar estar lejos de ti….

Él no dijo nada, sólo supo que vio cada vez más el rostro de Candy cerca del suyo hasta que sus labios se encontraron nuevamente y comenzaron la bella danza de un beso vehemente y desesperado por haberse salido vivos después de todo lo ocurrido.

En la cúspide del beso la joven apoyó su mano en la pierna del apuesto médico ocasionando que se quejara levemente.

- Amor? Qué ocurre? – Fue entonces que se percató que su sintió su mano mojada – Dios mío! Sangre! Estás herido!

- La bala que disparó ese tipo solo rozó mi pierna – Desvió su vista para inspeccionar su herida, al ver que podía verla un poco mejor fue que se dio cuenta que dentro de poco amanecería.

- Pero de cualquier forma estás sangrando Anthony! – Se levantó rápidamente y lo ayudó a hacer lo mismo – Debemos regresar!

- El camino fue algo difícil para el muchacho quien a cada paso que daba sentía que la pierna le dolía aún más pero para su fortuna sabía que la bala no había penetrado así que no se preocupó mucho.

- Afortunadamente ya está amaneciendo, mira mi amor! Esta es una de las marcas que hiciste verdad? – Observaba la línea que había trazado con lo que parecía ser una navaja.

- Sí – Suspiró aliviado, habían encontrado el camino a casa.

- Duele?

- No.

- Apóyate en mí – Y sin permitir que contestara tomó su brazo y lo pasó por su hombro, el joven sonrió.

No habían salido aún del bosque cuando escucharon varias voces, reconocieron que gritaban sus nombres.

- Candy! Joven Anthony!

- Señor Andley! Señorita Candy!

- Mi amor, nos están buscando! Debió ser Dorothy! Aquí estamos! Por aquí! – Gracias a la potente voz de Candy los habitantes corrieron al lugar donde se encontraban.

- Candy! Estás bien? – La pobre Dorothy estaba palidísima – Qué susto terrible me han dado, gracias a Dios están bien los dos! Candy, qué ocurrió?

- Lo lamento mucho Dorothy – Cada vez se sentía más avergonzada por todo lo que había ocasionado con su escape – Lo lamento muchísimo!

- Dorothy, podrías por favor pedir una manta para Candy?

Ni siquiera había reparado en la ropa que llevaba puesta y se espantó aún más.

- Dorothy no te preocupes por mí! Debemos llevar a Anthony a la clínica de inmediato! Señores! Por favor podrían ayudarlo?

Y así, con Anthony caminando con apoyo de uno de los lugareños llegaron finalmente al pueblo, una vez revisado a Anthony en la clínica ambos reían de lo lindo pensando en cómo irónicamente el fundador de la misma se había convertido en el primer paciente.

- Mira mi amor, aquí está el registro de la clínica, tu nombre aparece como el primer paciente registrado.

- Eso debe significar buena suerte no lo crees?

- No digas eso – Dijo con tristeza – Es por mi culpa que estás herido.

- Todo eso pierde importancia cuando sé que estás bien y a mi lado pecosa.

Dorothy regresa después de haber enviado el telegrama a los Andley en Chicago informando que se quedarían unos días más, le habían pedido no mencionar nada de lo sucedido y ya Candy le había explicado el malentendido y los líos que había ocasionado, Anthony se lo solicitó pues quiso cuidar el honor de ella y mucho menos la culparan por su herida.

Finalmente Anthony fue dado de alta al día después, llegaron a la casa de los Stephens que los recibía con el dulce aroma de las rosas y entraron. El joven había notado un poco extraña a Candy pero se lo atribuyó a todo lo vivido, al día siguiente ella le pidió las llaves de la casa y el joven desconcertado se las había dado, seguramente alguna cosa estaba tramando pero no sabía qué, apenas se había despertado cuando escuchó la voz de su pecosa pidiéndole que bajara a la sala lo cual él hace lentamente debido a la herida.

- Candy – Dijo con una sonrisa divertida – Qué es lo que pretendes hacer?

Voltea a la sala y se encuentra con una alta figura que llevaba una puesta larga gabardina café y sombrero, ésta figura al escuchar la voz que reconoció de inmediato voltea tan sorprendido y desconcertado como el rubio de mirada de cielo.

- …..papá?!

- Anthony!

En ese momento Candy cierra la puerta con llave y sale del lugar.

- Candy!

- Que disfrute su estadía señor Brown! Anthony, regreso más tarde!

El muchacho había quedado boquiabierto pero rápidamente su mirada se clavó como el hielo en la figura de aquel que tenía miedo a volver a amar.
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Meichan
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